02 En 2008 - 16:40:46
Oscuridad - Parte I
Una noche de verano cuando todo era alegría y diversón y todo el mundo bailaba al son de la música, yo notaba como una mirada oscura y profunda recorría cada detalle de mi cuerpo... ¿Sería sólo una sensación? ¿O habría alguien escondido que me miraba sin cesar?
Aquel lugar, radiante de luz y color, para mí no era más que otra celebración gris y sin sentido que atormentaba mi pesar aún más. Una boda. Todos los años se casaba alguien. Y en todas y cada una de ellas me sentía igual de vacía. Esta era diferente, pues era mi hermana la afortunada. Ella siempre había sido la mejor en todo, a pesar de ser la pequeña. Ella fue quién se graduó en la universidad, ella fue quién ganaba todas las competiciones a las que se presentaba, ella fue quién primero se hizo novio y, como no, ella fue la primera en casarse.
Pero la mirada seguía ahí, como vigilándome, observando todos mis movimientos. Como una cámara oculta con su extraña pero a la vez consabida presencia.
La boda ya estaba llegando a su fin, y sobre la pista de baile ya sólo quedaban los más borrachos o bailadores, que a menudo son los mismos. La gente ya estaba saliendo del local, y mi recién casada hermana y su marido despedían a todo el mundo en la puerta. Yo seguía en la misma posición que había adoptado durante toda la noche: sentada en mi mesa.
Mi hermana se acercó a mí, se sentó a mi lado y me tomó de la mano.
- No has bailado en toda la noche - me dijo
- Sabes que no me gusta bailar delante de la gente
- Pero si no bailas delante de la gente ¿Cuando bailas? ¿Cuando estás tú sola, amargada como siempre en tu casa?
La miré indignada, pero en el fondo sabía que tenía razón, no salía mucho de mi casa y solía ir del trabajo a mi casa y viceversa, todos los días, igual durante todo el año. Los fines de semana eran aún peor, me tumbaba sobre el sofá y veía varias películas o leía hasta que me dormía, esperando que llegara el lunes para ver la luz del sol cuando saliera para ir a la oficina.
- Ahora puedes bailar, aunque sea una canción, ya no queda casi nadie - me dijo levántandose
- Será mejor que me vaya a casa, es tarde y estoy cansada
Me despedí de los dos y me dirigí al aparcamiento, me monté en mi coche y conduje hasta mi urbanización; cuando aparqué y bajé del coche la misma incómoda sensación de que alguien te observa volvió a aparecer, pero esta vez los ojos tenían dueño. Un hombre varios pasos por detrás de mí me observaba inmóvil desde la acera. Estaba muy oscuro así que no le veía la cara, era una sombra negra sin cara pero con unos ojos punzantes que se clavaban en mí como dos dagas.
- ¿Hola? - dije poco convencida
El hombre no me respondió, se giró para entrar en uno de los apartamentos y de repente su cara se iluminó, parecía como si hubiera vuleto a la realidad. Se trataba de mi vecino.
- Hola Melanie, que raro que hayas salido esta noche
- Era la boda de mi hermana
- Oh, felicítala de mi parte, buenas noches
Mi vecino entró en su casa dejandome más inquieta todavía ¿Porqué había pensado que no era él al principio? ¿Estaba volviendome loca?
Aquel lugar, radiante de luz y color, para mí no era más que otra celebración gris y sin sentido que atormentaba mi pesar aún más. Una boda. Todos los años se casaba alguien. Y en todas y cada una de ellas me sentía igual de vacía. Esta era diferente, pues era mi hermana la afortunada. Ella siempre había sido la mejor en todo, a pesar de ser la pequeña. Ella fue quién se graduó en la universidad, ella fue quién ganaba todas las competiciones a las que se presentaba, ella fue quién primero se hizo novio y, como no, ella fue la primera en casarse.
Pero la mirada seguía ahí, como vigilándome, observando todos mis movimientos. Como una cámara oculta con su extraña pero a la vez consabida presencia.
La boda ya estaba llegando a su fin, y sobre la pista de baile ya sólo quedaban los más borrachos o bailadores, que a menudo son los mismos. La gente ya estaba saliendo del local, y mi recién casada hermana y su marido despedían a todo el mundo en la puerta. Yo seguía en la misma posición que había adoptado durante toda la noche: sentada en mi mesa.
Mi hermana se acercó a mí, se sentó a mi lado y me tomó de la mano.
- No has bailado en toda la noche - me dijo
- Sabes que no me gusta bailar delante de la gente
- Pero si no bailas delante de la gente ¿Cuando bailas? ¿Cuando estás tú sola, amargada como siempre en tu casa?
La miré indignada, pero en el fondo sabía que tenía razón, no salía mucho de mi casa y solía ir del trabajo a mi casa y viceversa, todos los días, igual durante todo el año. Los fines de semana eran aún peor, me tumbaba sobre el sofá y veía varias películas o leía hasta que me dormía, esperando que llegara el lunes para ver la luz del sol cuando saliera para ir a la oficina.
- Ahora puedes bailar, aunque sea una canción, ya no queda casi nadie - me dijo levántandose
- Será mejor que me vaya a casa, es tarde y estoy cansada
Me despedí de los dos y me dirigí al aparcamiento, me monté en mi coche y conduje hasta mi urbanización; cuando aparqué y bajé del coche la misma incómoda sensación de que alguien te observa volvió a aparecer, pero esta vez los ojos tenían dueño. Un hombre varios pasos por detrás de mí me observaba inmóvil desde la acera. Estaba muy oscuro así que no le veía la cara, era una sombra negra sin cara pero con unos ojos punzantes que se clavaban en mí como dos dagas.
- ¿Hola? - dije poco convencida
El hombre no me respondió, se giró para entrar en uno de los apartamentos y de repente su cara se iluminó, parecía como si hubiera vuleto a la realidad. Se trataba de mi vecino.
- Hola Melanie, que raro que hayas salido esta noche
- Era la boda de mi hermana
- Oh, felicítala de mi parte, buenas noches
Mi vecino entró en su casa dejandome más inquieta todavía ¿Porqué había pensado que no era él al principio? ¿Estaba volviendome loca?
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Continuará...
Continuará...
besos!!
muackss!!
cuidate mucho!!
T.quiero0o0o0o0!!